Cuando cumplí mis 40 viajé a Salta. Ya había ido muchas veces, pero esa vez fue diferente. Me cautivaron los colores, me enamoré de sus mercados y recuerdo que entre tantas alfombras, hubo una que me atrapó.  La compré sin dudarlo y aún hoy la atesoro.

A fin del año pasado,  me invitaron a dar una charla del Ministerio de Turismo de Salta. Y recuerdo que empecé diciendo:

“Qué les voy a contar a ustedes, si la inspiración de mis mercados nació en Salta. La gama de colores de la alfombra me inspiró para crear la paleta de Sabe la Tierra: verde, violeta, fucsia y maíz. Para mí simbolizan los colores de la tierra del norte argentino. Y son desde hace 10 años los colores de Sabe la Tierra. La alfombra se llenó de magia: porque cada vez que la abro me transporta a Salta y a mis inicios como emprendedora”.

Un sábado antes de abrir el primer mercado y después de haber elegido a cada productor, de haber seleccionado a los mejores y decidir ponerlos en valor en un espacio común, cité a todos los productores para conocernos. Hicimos una ronda en el pasto y en el centro puse la alfombra y una cajita de madera. Los invité a escribir en un papel sus deseos y expectativas. Cada uno leyó su mensaje y lo puso en la caja. Ese día nacía un proyecto colectivo, con ilusiones compartidas y con deseos comunes. Un día que quedó grabado en mi memoria.

Hoy les voy a contar un poco de cómo crecimos en estos 10 años con los mercados y les voy a compartir también mi mirada sobre la gran oportunidad que tenemos de impulsar lo local.

¿Qué es el consumo de proximidad del que tanto se habla y que frente al COVID recobra fuerzas? ¿Escucharon el término kilómetro 0?

Se refiere a la distancia que recorre un producto desde su lugar de origen hasta el lugar donde lo vamos a consumir. Qué importante es saber de dónde viene, quiénes fueron esas manos que lo produjeron, cómo se elabora, conocer la estacionalidad y la calidad del producto: fresco, de temporada, con las propiedades nutritivas y organolépticas más óptimas. Optar por un consumo de proximidad, supone consumir productos y servicios hechos en nuestro entorno territorial más próximo. De esta manera se ayuda a reforzar la economía local y a reducir el gasto energético que produce el transporte de productos.

Los beneficios de este tipo de consumo son muchos y además asegura un consumo sostenible ambientalmente y se promueve a los pequeños productores, fomentando así el crecimiento y desarrollo de nuestra región.

Pero hay más porque detrás de cada producto hay una historia por contar y tenemos que descubrirla y aprender a contarla. El mundo no quiere información: quiere que le contemos historias y poder vivenciarlas.

El consumo de productos de proximidad son tendencia y queremos reivindicar una nueva forma de entender la alimentación, cimentada en el ecologismo, el desarrollo sostenible, la defensa de la biodiversidad, el comercio justo y el compromiso de carácter ético con los productores.

Hace unos años tuve la suerte de viajar a Italia a uno de los eventos TERRA MADRE que se realizan cada 2 años. Participan pequeños productores de todo el mundo.

En la comitiva argentina viajaba una artesana de Salta de la comunidad Wichi que nunca había subido a un avión ni había salido jamás de su lugar. Conversamos gran parte del vuelo, en un intento por ayudarla olvidarse del miedo, hasta que se durmió. Cuando llegó al centro de exposiciones, se sentó en una silla, puso la madeja de chaguar sobre sus piernas y se puso a tejer con sus manos. De pronto acaparó todas las miradas. Ella en silencio, sin levantar la vista de su tejido mostraba al mundo su cultura milenaria. Me enteré que en 2015 crearon una marca colectiva para vender sus artesanías que se llama Thañi y ya expusieron en Berlín. Lo local pasa a ser global.

En el norte argentino saben mejor que nadie cómo recuperar saberes o inmortalizar las recetas que son parte de la identidad gastronómica de un pueblo. Lo local puede trascender fronteras y hoy con las plataformas de ecommerce más que nunca. Podemos además trabajar de manera colaborativa, sabiendo que entre todos tenemos un objetivo mayor que nos une. “Quienes visiten Salta y prueben su gastronomía no hablarán de tal o cual lugar particular dirán: qué bien se come en Salta. Y todos tienen que poder trabajar para que eso se convierta en su mayor fortaleza. Que en lugar de competir, cooperemos, que nos unamos para que un lugar sea memorable en todos los sentidos y con todos los sentidos”, expuse e invité a abrazar este concepto a todos los participantes.

Cuando fundé Sabe la Tierra sabía que tenía que encontrar productores que además de emprender, tuvieran espíritu feriante.  Quería que detrás de cada puesto hubiera una persona capaz de contar su historia. Conocí a Graciela  que tiene una finca en Mendoza y que con su marido la compraron soñando en que algún día, cuando dejaran sus trabajos, iban a dedicarse a la producción de olivas. Graciela produce y envasa su propio aceite de oliva y cuando llega al mercado con sus botellas viene siempre con las mismas ganas de contarte cómo cumplieron su sueño. Y vende mientras te cuenta su historia.

En nuestros Mercados hay relación humana. Los consumidores y los productores son amigos. Pero también costó querer crecer. Pasar de un mercado semanal a 11 no fue tarea fácil. Tuvimos que elaborar manuales, sumar equipo, gestionar municipios, comunicar y hacer crecer las redes sociales. Y también ganarnos la confianza de los productores. De 30 productores en el inicio, llegamos a conformar una red de 350. Los capacitamos, los acompañamos, los animamos a crecer. Muchos nacieron en Sabe la Tierra y ya volaron. Me acuerdo de Fabio que hacía tinturas madre y kefir. Cómo se enojó cuando se enteró que íbamos a abrir un segundo mercado. No quería saber nada. El venía con su chevy viejo y toda la mercadería en el baúl. Era un clásico empujar su auto al final del día de mercado porque no arrancaba. Después de mucho discutir lo convencí a sumarse al nuevo mercado. Y me contó que lo iba a atender su papá que acababa de jubilarse. Al tiempo abrimos más mercados y pasaron como 2 años y un día llego a una de nuestras ferias de Capital y ya estaban desarmando. Aparece Fabio con una camioneta utilitaria cero kilómetro. Lo miro y le digo: “te felicito Fabio, cambiaste el auto”. Me mira orgulloso, sonríe y me dice: 70 % Sabe la Tierra y 30% mi viejo. Hoy Fabio vende sus productos a todas las dietéticas de la Argentina.

Historias como estas hay cientos que fuimos escribiendo en estos años. Aprendimos a gestionar mercados, entusiasmar productores y  consumidores. Cada mercado que abrimos tiene un trabajo de por lo menos 6 meses. Primero hablamos con el Municipio, luego abrimos convocatoria a productores locales y junto a un equipo entrevistamos a todos los que van a formar parte. Hacemos reuniones previas, capacitaciones, les contamos cómo trabajamos y cuál es nuestro propósito. Somos muy activos en la comunicación de lo que hacemos y casi obsesivos en la puesta en escena. Cuidamos todos los detalles, la ambientación de los mercados y la de cada uno de los puestos, la higiene, la presencia del productor, la manipulación de alimentos y nos esmeramos en crear un ambiente que invite a venir, recorrer, comprar, quedarse y volver. Y además algo muy importante: que se vayan tan contentos que nos recomienden. Muchos sueños que se cumplen. Emprendedores que viven de su actividad en nuestros mercados. Logramos hacer sustentable nuestro proyecto y sostenernos durante estos 11 años. Crecer sin perder la esencia. Conservar y cuidar el espíritu de Sabe la Tierra.

Hace un tiempo volví a casa y encontré a mi hijo de 8 años con un amigo jugando a hacer una casita debajo de la escalera. La escena era muy tierna. Habían puesto un colchón, paredes y un techo. Creatividad pura. Todo perfecto salvo por un detalle. Habían agujereado las cuatro puntas de mi alfombra con una tijera y la habían atado con sogas a la escalera. Miré las caras de felicidad de los chicos. No lograron conmoverme. Me encerré en mi cuarto y lloré como una nena. Y al tiempo entendí que aún rota seguirá siendo siempre mi alfombra. Con las cicatrices mismas de la vida y la magia de siempre.

 

Por Angie Ferrazzini, Fundadora de Sabe la Tierra